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    Informe de Prensa
    24 de Mayo de 2013  

    Los límites son necesarios en todos los órdenes de la vida y más cuando estamos educando. 

    Poner límites no es reprimir, es orientar e intervenir en un arbitraje sobre una cuestión suscitada, es una frontera  a las acciones de todos en una comunidad. Por lo tanto son necesarios, son parte de un contrato social explícito y tácito que se hace por el solo hecho de vivir en una sociedad plena porque si no, estaríamos construyendo y viviendo una anarquía.

    En el tema de la educación, los límites están expresos e incluidos con nuestra profesión, pero lo que sucede hoy día es que los adultos generalmente carecemos de límites puesto que no tenemos en claro qué es lo que queremos, qué futuros ciudadanos queremos formar porque no hay tarea más importante y más esperanzadora  que la de educar. La educación es el principio de todo, no es tarea solo de los docentes, es tarea de los padres y de la sociedad también, son funciones no delegables por ningún integrante de la sociedad en la que convivimos y como tal nuestros alumnos serán nuestros futuros gobernantes, médicos, jueces, maestros, etc. Ellos marcaran nuestro rumbo futuro como sociedad, pero para eso necesitan aprender y los límites se aprenden de nuestros ejemplos, los límites son gestiones pautadas.

    Hoy en día, en muchas cosas se está actuando sin planificación. Todo es ahora y si sirve bien y sino también, es un relativismo, por lo tanto los alumnos lo perciben, porque están constantemente probando cosas y probando a todos, a los que lo rodean desde sus amigos hasta sus padres y profesores,  están  distinguiendo hasta dónde se llega y cómo se llega, no encuentran una frontera,  esto es propio del adolescente; adolecen de los límites porque ellos están en formación. Por lo tanto hay que ayudarlos y para eso estamos los adultos, ese es nuestro trabajo, nuestro mensaje como mayores como sociedad que proyecta un futuro mejor.

    En los años que llevo de experiencia educativa sé que cuesta poner límites pero desde el primer día de inicio de clases pongo las pautas claras, mis clases no son  autoritarias son  ordenada y participativas: los chicos lo perciben y por eso no se generan problemas de conducta serios. Porque  en los padres, tutores y docentes se genera a veces la idea que si se  les ponen límites, por ejemplo, los chicos se pueden escapar de la casa, no nos quieran, genere un rechazo, nos hagan las tareas difíciles,  ya que a  nadie le gusta que le pauten la manera de actuar y tampoco tener problemas.

    Muchos padres son inseguros y delegan esta tarea en la escuela o también sucede, y es común, que se confunda el rol de padre con un amigo. Un padre es padre, con todo lo que lleva esa palabra y no amigo, aunque  a veces se actúe como amigo no implica que se sea amigos nuestros hijos. 

    Por lo tanto creo que no se ponen límites por miedo, por inseguridad en lo que decimos y así actuamos, también  por no querer comprometernos. Es más fácil que otro resuelva, en este caso el docente y la escuela como institucion. Poner límites no es una tarea fácil, por momentos puede incluso ser dolorosa, pero es preferible sobrellevar los límites al contado y no en cuotas, a la larga las cuotas cuestan más y los resultados son más extemporáneos.

    Los limites nos previenen de hechos futuros dolorosos. Son una solución y es una manera sana de ejercer nuestra libertad.

    Necesitamos contar con límites claros, los alumnos lo piden a diario, a la larga más temprano que tarde nos lo agradecerán, así me pasa a mí porque pienso como Keith Chesterton "El juego de ponerse límites a sí mismo es uno de los placeres secretos de la vida."

     

    * Profesora de Historia y Política y Ciudadanía en los colegios Nuestra Señora de Lourdes y San Cayetano, La Plata.

    Fuente: Clarín

     




     
     

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