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Mujeres Argentinas
1536 - 1851

Argentina - Mujeres Argentinas - 1536 - 1851 - Jujuy

Zona actual Provincia de Jujuy

  • Juana de Azurduy
  • Micaela Bastidas

Argentina - Mujeres Argentinas - 1536 - 1851 - JujuyNació en nació en Chuquisaca, Alto Perú (Bolivia) en 1780, huérfana de sangre mestiza, se casó con el general Manuel Ascensio Padilla. Luchó con gran coraje en la guerra de la independencia de su país. Al morir su esposo asumió el mando de la guerrilla con el grado de Coronela.
El 25 de mayo de 1809, justo un año antes del alzamiento de Buenos Aires, se sublevó el pueblo de Chuquisaca, revolucionando el Virreynato del Río de la Plata desde el Alto Perú. Se destituye al virrey y se nombra gobernador a Juan Antonio Álvarez de Arenales. Es aquí donde aparece la figura guerrera de Juana. Deja sus cuatro hijos y acompaña a su esposo, ambos comprometidos en la causa antiespañola, al campo de batalla.
Allí organizan una tropa de ayuda a las expediciones que envía Buenos Aires al Alto Perú. La primera, al mando de Antonio Balcarce y la segunda a cargo de Manuel Belgrano. Las crónicas de la época cuentan que cuando Belgrano la vio pelear le entregó su espada en reconocimiento a su bravura y lealtad a la causa. Fue ella quien ocupó en plena guerrilla el cerro de la Plata y se adueñó de la bandera realista enemiga. Con esta acción el gobierno de Buenos Aires, al mando de Pueyrredón le concedió en 1816 el grado de Teniente Coronel del ejército argentino en virtud de su "varonil esfuerzo".
En ese entonces, todavía parecía más conveniente conquistar Perú por la vía alto-peruana, es decir por el Norte. Cuando San Martín se hace cargo del Ejército cambia de estrategia. Decide abandonar esa ruta y elige una más segura e innovadora: llegar a Lima por el Pacífico, luego de cruzar los Andes hacia Chile. Este cambio de estrategia, deja a Juana y a su tropa sin sustento económico y fundamentalmente abandonado a su propio destino. Así, Juana, vió morir a sus cuatro hijos y combatió embarazada de su quinta hija. Cuando queda viuda y con su única hija, se unió en la defensa del Norte bajo el servicio de Martín Miguel de Güemes. Tras la muerte del caudillo, sin más combate, quedó carente de recursos para volver a su patria.
Su vida transcurrió en Salta reclamando inútilmente a Bolivia sus bienes confiscados. Recién en 1825, el gobierno salteño le otorgó dinero para su regreso . Murió a los 82 años, olvidada y en la mayor pobreza. Se la enterró en una fosa común sin los honores ni las glorias que su accionar y compromiso por la patria merecía.

Doña Micaela Bastidas y Puyucawa nació en el año 1745, oriunda del pueblo de Pampamarca. Su belleza no fue estrictamente andina, también influía una parte de su sangre, que era africana, lo que motivará que tiempo después los enemigos la trataran de "zamba".
Contrajo matrimonio el 25 de mayo de 1760 con José Gabriel Condorcanki, Tupac-Amaru (que en lengua quechua significa “serpiente resplandeciente”), en la iglesia del pueblo de Nuestra Señora de la Purificación de Surimana, cuyo altar mayor se ha preservado hasta nuestros tiempos.
Este matrimonio llamado a convertirse en histórico, fue de españoles desde el ángulo social, indio desde el curacal (17) y mestizo desde el racial. Tuvieron tres hijos: Hipólito, nacido en Surimana en 1761, Mariano, en Tungasuca en 1762 y Fernando, nacido en la misma localidad en 1768. A fines de 1766 José Gabriel comenzó a reclamar su reconocimiento oficial como cacique y pedir la ratificación de su calidad de legítimo descendiente del Inca Túpac Amaru. A demás del título recibió como herencia 70 piaras de mulas con las que se dedicó al transporte de mercancías. Levantándose en queja por el inhumano trabajo obligatorio en las minas a que eran sometidos los indios, la Audiencia de Lima respondió con una negativa rotunda. Ante esto José Gabriel decidió adoptar medidas más radicales, en concordancia con su hondo espíritu de justicia social.
En 1780, año en que se proclamó “soberano”, apresó y ejecutó al corregidor de la ciudad de Tinta. Se inició así la más importante de las rebeliones de masas en el imperio español de América. Los indios del virreinato del Perú se sublevaron acompañándolo. Los españoles no pudieron impedir que los rebeldes se reunieran dirigiéndose a Cuzco. Sin embargo, por falta de municiones no pudo ser tomada y Tupac Amaru se retiró con sus fuerzas. Micaela, mujer de fuste, no dudó en seguir a su marido en el levantamiento ni en arengar al pueblo dándole a conocer los motivos del mismo. Integró el Consejo de los Cinco (que lo asesoraba) y mantuvo viva con sus proclamas la fe en la revolución.
El historiador peruano Valcárcel comenta que “…el papel que desempeñó doña Micaela Bastidas Puyucawa tiene capital importancia para conocer la rebelión de Tinta. Puede asegurarse que, desde el primer momento, ella fue el principal consejero de Túpac Amaru, junto al rumoreado Consejo de los cinco. Y aunque el caudillo actuó mediante decisiones propias, por sus ideas e iniciativas aparece la figura de esta enérgica y prócer mujer con los caracteres de un personaje de valor innegable.” (18) El movimiento produjo conmoción, grandes transformaciones y amplias resonancias en toda la América española.
La consecuente actitud de Tupac Amaru y su valentía confiere a su lucha un innegable valor. A pesar de haber organizado un ejército compuesto de 10.000 indios, el inca sufrió la derrota antes de poder asegurar sus posiciones. Fue tomado prisionero y entregado a los españoles por un traidor. La sentencia, que fue cumplida el 18 de mayo de 1781 condenaba "…a José Gabriel Túpac Amaru a ser sacado… arrastrado hasta el lugar del suplicio para que contemple la ejecución de su mujer, Micaela Bastidas, de su hijo Hipólito, su tío Francisco, su cuñado Antonio Bastidas y algunos de sus principales capitanes, concluidas esas ejecuciones, se cortará al Inca por mano del verdugo la lengua y después, amarrado y atado por sus brazos y pies con cuerdas fuertes para atarlas a las cinchas de cuatro caballos, que tirarán cada uno en dirección a las cuatro esquinas de la plaza, de modo que sea descuartizado el cuerpo, llevando sus partes al cerro de Picchu para ser quemadas en una hoguera preparada, echando sus cenizas al viento, su cabeza se remitirá y expondrá al pueblo de Tinta, siendo exhibida por tres días en la horca, uno de sus brazos será remitido al pueblo de Tungasuca, donde fue cacique, con el mismo objeto, el otro a la capital de la provincia de Carabaya, una pierna al pueblo de Livitaca y la restante a Santa Rosa, en la provincia de Lampa.
La sentencia será leída por los corregidores o justicias territoriales con la mayor solemnidad por bando. Las casas del reo serán arrasadas a la vista de los vecinos, sus bienes confiscados y se falla también que los individuos de su familia que no han caído en manos de la justicia, queden inhabilitados para adquirir, poseer o pretender herencia alguna o sucesión".
Si algunos fueron sólo ahorcados, a Micaela Bastidas no se le ahorró sufrimiento: se le aplicó la pena de “garrote vil”, pero después de obligarla a ver el suplicio de su hijo.

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