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Sucesos Argentinos
1536 - 1851

Argentina - Sucesos Argentinos - 1536 - 1851 - Mendoza

Zona actual Provincia de Mendoza

  • Fundación de Mendoza
  • El Campamento del Plumerillo
Pedro del Castillo funda la ciudad de Mendoza, en el denominado Valle de Güentota, lugar de asentamiento de los primitivos habitantes de la región, los indios Huarpes, y le dio el nombre de "Mendoza del Nuevo Valle de La Rioja", en homenaje al gobernador y capitán general de Chile, García Hurtado de Mendoza.
Sin embargo, el 28 de marzo de 1562, Don Juan Jufré ordena que la ciudad sea trasladada -muy cerca del lugar de su fundación original- por motivos políticos encubiertos como razones de salubridad y le cambia el nombre a "Ciudad de la Resurrección".
Un dato no tan conocido es que nuestro territorio recibió diferentes nombres. En el acta de fundación de 1561 decía que la ciudad se llamaría "San Pedro Apóstol". Luego se propusieron: La Resurrección, Palmira y Santiago. Finalmente quedó el nombre que se le adjudicó en un principio y por eso hoy somos mendocinos. En homenaje a Don García Hurtado de Mendoza, Gobernador y Capitán General de las provincias de Chile, se le dió el nombre de Mendoza a la nueva Ciudad fundada. Los conquistadores españoles llamaron a éstas tierras "Cuyo", nombre hispanizado del "Cuyum" aborigen, que significaría "tierra de arenales".
Su concepción fue geométrica con parcelas de 100 varas cuadradas, las que fueron repartidas entre los primeros colonizadores, dejándose frente al cabildo un predio libre denominado "Plaza de Armas", donde todos los domingos se hacían ejercicios militares con toda la población masculina.
Acta de fundacion de la Ciudad de Mendoza por el Capitan Pedro del Castillo —2 de marzo de 1561.
En el nombre de Dios, en el asiento y valle de Guentala, provincia de Cuyo, desta otra parte de la gran Cordillera Nevada, en dos días del mes de marzo, año del nacimiento de nuestro Salvador Jesu-Cristo, de mil y quinientos y sesenta y un años, el muy magnífico señor Pedro del Castillo, capitan, teniente general de las dichas provincias y sus comarcanas por el ilustrísimo señor D. García Hurtado de Mendoza, gobernador y capitán general en las provincias de Chile, por S. M. é ante mi Francisco de Horbina, escribano de juzgado en las dichas provincias, dijo: que, por cuanto él ha venido á estas dichas provincias á las poblar y reducir al servicio de Dios nuestro Señor y de S. M. como por las provisiones que de ello tiene consta, y le es mandado, y tiene de ellas tomada posesion en nombre de la magestad del Rey de Castilla D. Felipe.
Nuestro señor, y mucha parte de los naturales de ella han dado la ovediencia y estan de paz; y por que el Mempo que ha que está en ellas ha sido breve, en el cual no ha podido hallar asiento ni lugar para donde fundar una ciudad con mero imperio; y porque de no fundarla y alzar rollo y nombrar cabildo y regimiento, podrían resultar inconvenientes y daños, ansí en lo que toca al servicio de Dios y de S. M. como contra los naturales y españoles que en esta provincia están; y para que cesen los dichos inconvenientes y está tierra se perpetue y pueble y puedan encomendar los indios en los españoles vasallos de S. M. que en su servicio en este dicho asiento están, para que los puedan doctrinar y enseñar en las cosas de Nuestra Santa Fé y mostrarles á vivir políticamente guardándoles y haciéndoles en todo justicia, me pareció convenia en este dicho asiento y valle alzar rollo y nombrar alcaldes y regidores y procurador de la ciudad y oficiales de S. M. é demas oficios que son anexos para el mejor gobierno de ella, y ante todas cosas, señalando la advocación de la Iglesia Mayor de la dicha ciudad, la cual se ha de llamar y nombrar Señor San Pedro, á quien tomo por patrón y abogado en esta dicha ciudad, y por mayordomo de ella á Juan de Maturana, la cual dicha ciudad se ha de llamar y nombrar la ciudad de Mendoza, nuevo valle de Rioja, en todas las escrituras y demas cosas que fuere necesario nombrarse; á la cual doy por términos y jurisdicción, con mero misto imperio, desde la gran Cordillera Nevada aguas vertientes á la mar del Norte, y de todos los repartimientos de los vecinos que á ella se repartieren; el cual dicho asiento y nombramiento de alcaldes y regidores y oficiales de S. M. y vecinos y moradores de ella hago, dándoles y señalándoles solares en esta tierra de la dicha ciudad, como van señalados y nombrados y ciertos; los cuales dichos solares han de ser de grandor de cuadra de frente de doscientos y veinte y cinco piés de doce puntos y las calles de treinta y cinco piés de ancho.
Y yo por virtud de los poderes que para ello tengo i y en nombre de S. M. y como mejor convenga para el derecho de los conquistadores y pobladores y vecinos y moradores de estas dichas provincias y de esta dicha ciudad, hago el dicho nombramiento y les doy, señalo y nombro, en nombre de S. M. por propios suyos y de sus herederos y sucesores, los dichos solares que arriba estan declarados, para agora y para siempre jamas, para que los puedan vender, trocar y enagenar y hacer dellos á su voluntad, como cosa habida y tenida por derecho y justo título como este lo es, guardando en ello y en cada cosa díllo las ordenanzas de S. M.; y porque como he dicho, conviene nombrar la dicha ciudad y alzar rollo y hacer alcaldes y regidores y demás oficios en este dicho asiento para su mejor sustentación, por estar, de lo que hasta hoy se ha visto, mas en comarca de todos los naturales y donde hay más comidas, para que menos en vejacion de los dichos naturales se puedan sustentar los españoles y de donde se pueda mejor ver y visitar la tierra, y buscar si hubiere otro sitio y lugar que sea mejor para poblar la dicha ciudad, y para lo que tocare al servicio de Dios y de S. M. y bien de los naturales y conservación de los españoles, concurriendo en el sitio y lugar más calidades que en el sitio.
Desde este lugar, y así mudándose esta ciudad, el nombre desla y alcaldes y regidores y demás oficios, tenga donde se mudare que tiene en esta, guardándoles los solares á los vecinos y moradores en la parte que en la traza desta los tiene, hacia los vientos que están señalados en la margen de la dicha traza; que es fecha ut supra. Y el dicho señor capitan y teniente general lo firmó de su nombre—Pedro Del Castillo.—Por mandado de su merced, Francisco de Horbina, escribano.
En 1815 el general José de San Martín eligió estas tierras para montar un campamento de instrucción para los soldados que debían recibir entrenamiento. Ellos integraron el Ejército de los Andes y fueron los responsables del triunfo de la campaña a Chile. En este lugar, a fines de 1815 el general José de San Martín reunió los regimientos de los cuarteles de La Cañada, San Agustín y Santo Domingo para formar el Ejército de los Andes, con el que emprendió en 1817 la gloriosa Campaña Libertadora de Chile y Perú.
Los terrenos de esta localidad -conocida como El Plumerillo por la abundancia de blancos penachos semejantes a plumeros- fueron cedidos en préstamo por el vecino Don Francisco de Paula de La Reta
El ingeniero Alvarez Condarco delineó el campamento y el brigadier Bernardo O'Higgins construyó los cuarteles definitivos Desde aquí partieron las distintas columnas militares hacia Chile. El 9 de enero la primera, al mando del teniente coronel Cabot; el 14 de enero la segunda, dirigida por el coronel Freire; el 18 de enero la del general Las Heras, rumbo a Uspallata; el 19 y 20 de enero la Primera División comandada por el general Soler, hacia Los Patos (San Juan); el 21 y 22 de enero, la Segunda, División, bajo las órdenes del general O'Higgins.
Finalmente, el 24 de enero partió el general San Martín, reuniéndose con las dos divisiones principales en el valle de Aconcagua, rumbo a Santiago de Chile. Concluida la campaña, los cuarteles fueron desmontados, los materiales obsequiados a los pobres y los terrenos devueltos a sus dueños.
En 1841, durante las luchas civiles, el campo volvió a concentrar tropas en las fuerzas unitarias de Lamadrid. Estas se enfrentaron más al sur con las fuerzas federales de Pacheco en la Batalla de Rodeo del Medio (24 de setiembre), la más cruenta de las guerras civiles del país, que definió la victoria de Rosas sobre los unitarios.
El sitio permaneció olvidado durante más de 80 años y recién en 1935 fue revalorizado con un monumento que es pórtico de acceso. Los auténticos cañones que lo flanquean fueron fundidos en la maestranza de Fray Luis Beltrán.
Ese mismo año se instaló una urna con las cenizas del general Gerónimo Espejo, que permanecieron en El Plumerillo hasta 1980, siendo luego trasladadas al Liceo Militar que lleva su nombre. El campo fue nuevamente remozado en 1995.
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