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Sucesos Argentinos
1536 - 1851

Argentina - Sucesos Argentinos - 1536 - 1851 - Tucumán

Zona actual Provincia de Tucumán

  • Fundación de Tucumán
  • Batalla de Tucumán
“...el dicho señor Capitán Diego de Villarroel dijo que en nombre de Dios Nuestro Señor y de Su Majestad del Rey Don Felipe, segundo de este nombre, Emperador del Nuevo Mundo y de las Indias, y del muy Ilustre señor Francisco de Aguirre, Gobernador y Capitán General de estas provincias de Tucumán, Juríes y Diaguitas por Su Majestad poblada y pobló en este asiento en lengua de los naturales llamado Ibatín esta ciudad a la que ponía y puso nombre de San Miguel de Tucumán y nueva tierra de promisión... Acta de fundación de San Miguel de Tucumán, 31 de mayo e 1565”
En el principio no fue más que selva, la famosa vegetación que encandilaría luego a todos, desde los cronistas jesuíticos hasta los viajeros europeos. En sus claros correteaban, desde tiempos antiquísimos, indígenas cuya cultura todavía se estudia, llena de misterios como los impenetrables menhires del valle de Tafí.
Un día, los españoles, tras haber intentado, viniendo del mar -por el Río de la Plata- entradas que terminaban con flechazos y campamentos incendiados, siempre a la búsqueda de la mítica Ciudad de los Césares, llegaron hasta estas comarcas por el oeste, desde el Perú. Su objetivo era geográficamente nebuloso. Una voz sobre cuya etimología se han hecho las más caprichosas interpretaciones, Tucumán, corría desde tiempo atrás en la Ciudad de los Virreyes: vagamente, designaba las tierras que se encontraban más al sur. Pero ellos, sobre todo, buscaban riquezas, y allá fueron. Hombres de hierro, con un coraje a toda prueba y una dureza que atemperaban enarbolando la cruz, los misioneros católicos mezclados en la hueste atravesaron las montañas y cayeron finalmente al llano. Fue la expedición de la Entrada, que habría el camino a todas las que vinieron después.
Penoso les fue comprobar que no había oro, ni piedras preciosas, ni Ciudad de los Césares. Pero igual empezaron a plantar ciudades en ese territorio donde todo aparecía hostil, desde la geografía y el clima hasta habitantes aborígenes que resistían con sus arcos y flechas. Santiago del Estero fue la primera fundación, en 1553. En 1565 instalaron a San Miguel de Tucumán en "el lugar que llaman en lengua de naturales Ibatín".
Administrativamente, Santiago era la cabeza de lo que se llamó "Gobernación de Tucumán" y que integraban, además de San Miguel, lo que son actualmente Salta, Jujuy, Catamarca, La Rioja y Córdoba. Durante lo que quedaba del siglo XVI, San Miguel de Tucumán puso el hombro, sin desmayo, a toda la obra de la conquista. Sus vecinos fueron soldados de todas las expediciones fundadoras, mientras sus bosques proveían la madera para el único vehículo de aquellos tiempos, la carreta, que por eso se llamó "carretera tucumana".
No las pasó tranquilas el San Miguel de los precarios días iniciales. La aldea estaba recostada junto a la montaña, asiento de los indígenas calchaquíes, y más de una vez los naturales quisieron incendiarla.
Pero los vecinos supieron resistir. Al fin, lo que no pudieron los indios y las privaciones, lo logró la caída en desuso del camino que pasaba por San Miguel y seguía a Buenos Aires, y las aguas palúdicas del río cercano. La ciudad se hizo insalubre y quedó al margen de la ruta comercial. Entonces la transladaron, en 1685, al lugar que actualmente ocupa, y que se conocía entonces como La Toma. Allí, minuciosamente, se repitió el rito de la fundación: como en un calco, se distribuyeron -salvo el Cabildo- los edificios tal como estaban en el sitio viejo, y los vecinos continuaron sus trabajos y sus días, en la ciudad y en los curatos de la campaña, Trancas, Burruyacú,
Los Juárez, Monteros, Chicligasta y el Río Chico, como era la nómina a fines del siglo XVIII. Siglo donde la lucha contra los indios mocovíes en el Chaco salteño, las peripecias del clima y de las plagas, parecían ser las únicas novedades que agitaban esa parte del ya Virreinato del Río de la Plata. La Real Ordenanza de Intendentes dividió, en 1783, las siete provincias que formaban la Gobernación de Tucumán, y alejó de la jurisdicción a La Rioja y Córdoba, pasando la cabecera de Santiago del Estero a Salta.

La desobediencia de Belgrano
La tarde del 25 de Mayo, Belgrano hace jurar la bandera en Jujuy, pero la Junta (Rivadavia) le reprocha “…la reparación de tamaño desorden (la jura de la Bandera) …” (ya se lo habían reprochado en Rosario). El ejercito de Belgrano ante el avance de los Españoles, inicia el éxodo del pueblo Jujeño hacia Tucumán, donde decide resistir apoyado por el entusiasmo de la gente”.
Sin más armas que unas lanzas improvisadas, sin uniforme, ni otra montura que la silla y los guardamontes. No tenían disciplina ni tiempo de aprender al voces de mando, pero les sobraba entusiasmo...” Rivadavia lo increpa para que se retire a Córdoba pero Belgrano escribe “ Algo es preciso aventurar y ésta es la ocasión de hacerlo; voy a presentar batalla fuera del pueblo y en caso desagraciado me encerraré en la plaza hasta concluir con honor …..” . Todavía el 29 insistía Rivadavia en la Retirada: “Así lo ordena y manda este Gobierno por última vez…..la falta de cumplimiento de ella le deberá a V.S. los más graves cargos de responsabilidad” (Extraído de Historia Argentina de JM Rosa) Finalmente hace frente y derrota a los realistas que deberán retirarse con grandes pérdidas de hombres y equipos militares. ( ¡que patriota Rivadavia !...menos mal que teníamos algunos patriotas “desobedientes”)
Las batallas de Tucumán y Salta, son las únicas de carácter campal dadas contra los españoles en el territorio argentino. Y esto les da a esos triunfos un significado singular La batalla de Tucumán tiene un significado especial en la causa de la Revolución, dado que frenó la avanzada realista, y es el primer acto del triunfo argentino del norte, del cual el segundo es la batalla de Salta.
Más allá de la trascendencia que tuvo la batalla librada en Tucumán el 24 de septiembre de 1812, desde el punto de vista político, también es significativa desde el aspecto militar.
Nos referiremos a la batalla de Tucumán. Resulta de sumo interés, el testimonio que aporta el general José María Paz en sus Memorias, acerca de la retirada de Belgrano del norte, después de hacerse cargo de los restos del ejército patrio derrotado en el Desaguadero. Belgrano se retiraba desde Jujuy, en dirección a Tucumán, hacia fines de agosto de 1812. El ejército contaba con sólo 1.500 hombres, casi desorganizado y desprovisto de todo. Por detrás venía en su persecución, el general Tristán, destacado por Goyeneche con un ejército español de más de 3000 hombres. A pesar que las avanzadas del ejército realista venían picando peligrosamente la retaguardia del ejército patriota, Belgrano se mantuvo sereno y valiente. Con su actitud logró que sus soldados no cayeran en el pánico. En esas circunstancias adversas, era cuando Belgrano mostraba su verdadera estatura moral. Según Paz: “jamás desesperó de la salud de la patria, mirando con la más marcada adversión a los que opinaban tristemente sobre ella. El valor de Belgrano se reflejaba en su actitud: “era siempre en el sentido de avanzar sobre el enemigo, de perseguirlo; o si era éste el que avanzaba, de hacer alto y rechazarlo”. El triunfo premió a los tropas patriotas en la acción de Las Piedras, el de septiembre de 1812, contra las avanzadas realistas del coronel Huici.
Es importante señalar que Belgrano desobedeció la orden del Triunvirato que le ordenaba trasplantar a Córdoba la fábrica de fusiles que funcionaba en Tucumán, y desmantelar, desguarnecer y abandonar enteramente Tucumán, para establecerse en Córdoba, frente a la avanzada realista. La desobediencia de Belgrano selló la suerte de nuestras provincias del Norte, dado que obedecer las órdenes del Triunvirato, que sólo atinaba a salvar la Capital y su gobierno, hubieran significado la pérdida del norte argentino. Belgrano se debió enfrentar a los enemigos realistas y a las órdenes del gobierno, que actuaba de una manera egoísta.
Con su actitud, Belgrano salvó la causa de la Revolución. Y éste es el enorme mérito de esta batalla. Belgrano simuló tomar un camino que se dirigía a Santiago del Estero, sin tocar en Tucumán. Así, el prócer se propuso engañar a Tristán que creyó que Belgrano abandonaba Tucumán, con lo cual, descuidó las más elementales precauciones de orden militar, dando lugar a la captura en Trancas, de Huici.
Belgrano se detuvo con sus tropas en La Encrucijada, lugar cercano a la ciudad de Tucumán, y despachó para Tucumán a Juan Ramón Balcarce, “dándole las más amplias facultades para promover la reunión de gente y armas y estimular al vecindario a la defensa”.
El vecindario tucumano respondió con entusiasmo al pedido de Balcarce, y el Cabildo envió una diputación a Belgrano, para persuadirlo a quedarse en Tucumán, y con todo el apoyo de este pueblo, organizar la defensa y presentar combate al invasor. Belgrano consiguió que se le otorgara dinero y gente en cantidad apreciable, por lo cual se dirigió a la ciudad de Tucumán, decidido a enfrentarse con el enemigo.
Belgrano contó con doce días para organizar sus tropas. Su plan consistía, como dice Mitre en “esperar al enemigo fuera de la ciudad, apoyando su espalda en ella”, y después, “en caso de contraste, encerrarse en la plaza”. Para lo cual, cuenta Paz que en ella “se fosearon las bocacalles y se colocó la artillería” que no iba a llevarse a la acción.

Carta de Belgrano sobre la Batalla
Exmo. Señor:
Escribir la historia de la gloriosa acción del 24 del presente pa. q. VE. tuviese un conocimiento de sus pormenores exige un tiempo que las muchas atenciones urgentes y de la maior importancia no me permiten emplear; pero deseoso de no defraudarle el placer q. debe llenar de sensibilidad su corazon al observar por mi sincera relacion la energia, el zelo, el valor á prueva de los individuos del Exto. y de todo el heroico paisanage de las Provincias q. nos há acompañado, muí particularmente el de Jujuy, Salta, esta Ciudad y Santiago del Estero, me contrahigo en lo posible á referir á V. E. quanto se ha executado asi en general, como en particular por salvar la Patria y poner en respeto sus armas, bien que previendo que se me escaparán muchos hechos, muchas singularidades todas dignas de la atencion de V E; pero que ya mi memoria no puede abarcar.
Por mis partes anteriores sabe VE. que el enemigo me perseguia; su numero no lo habia podido fixar pr. q. las relacions. variaban segun el modo de ver de mis espías; pero observada la resolucion de todos los individuos del Exto. y de quantos patriotas vinieron á sus banderas, de morir ó vencer, me decidí á sostener las armas, sin tener consideracion á las fuerzas que la tirania dirigia contra nosotros y ya el numero de ellas no fixaba mi atencion, sino la direccion que trahian.
Vario esta pr. los diferentes caminos q. presenta un campo que aunque cubierto de bosques tiene sin embargo diversos rumbos que se dirigen á esta Ciudad por donde puede viajarse, facilmente con un Exto. venciendose los obstaculos que hay qe no son de gran entidad.
Había preparado el campo de batalla al N. de esta Ciudad, y el 23 por los partes que se me dieron, tube alli la tropa dispuesta para recibir al enemigo que habiendo acercado sus abarizadas hasta poco mas de un quarto de legua de mi posicion, retrogradaron, y fueren á reunirse á Tafí viejo con el grueso del Exto.
Al dia siguiente esperando que bolviesen á tomar el camino real, me situé en el expresado campo á las dos de la mañana, pero á las siete de ella se me aviso venía por el camino de la costa del vosque, y en efecto vaxó hasta el manantial al S. O. de esta Ciudad, y se dirigio por ese rumbo al campo de las carreras.
Ya me habia situado en él y conocida la marcha del enemigo puse el Exto, á su frente, y observando sus maniobras, y disposiciones para formarse, antes qne pudiera verificarlo, mandé desplegar en vatalla mis divisiones y q. atacase la Infantería á la vayoneta, y abanzase la Cavallería q. cuvria mis álas, reforzando con parte de la division de reserva la del ala derecha.
Se executo con el maior denuedo despues de unos seis ú ocho tiros de cañon, que avrieron claros en la linea enemiga, en tanto grado, que en diez y seis minutos de el fuego mas vivo, se logró destrosar al Enemigo y consecutivamente apoderarse de su Artilleria, municiones, vagages, equipajes poner en vergonzosa fuga la maior parte que se persiguió por la caballeria con el maior encarnisamiento, el qual no dió lugar á rehacerla con la prontitud que se requeria para concluir con todo el Exto Enemigo.
Con este motibo las divisiones de Infanteria, y el cuerpo de reserva con una parte de la ala izquierda de la caballeria se replegaron á la ciudad llevandosé prisioneros, municiones del Enemigo, cañones, doce carretas, y otros muchos objetos, mientras Yo trataba de reunir la cavalleria q,, habia mandado avanzar.
El Enemígo replegó parte de sus restos y se acercó á las orillas de la ciudad con el intento de no manifestar su devilidad, y se atrevió á intimar la rendicion en los terminos de la copia n° 1 á que contextó mi segundo el Mayor Gral Diaz Veles, segun la copia n° 2.
En estos momentos me acerqué con la caballeria a ponerme á su vista, y resolvi no continuar la accion, asi por ponerme de acuerdo con la fuerzas de la Plaza para los ulteriores movimientos, como por evitar que continuase la horrorosa efusion de sangre que ya presentaba el campo cúbierto de cadaveres que afligia el corazon mas duro, mucho mas al observar que todos aquellos desgraciados eran nros hermanos alucinados.
Asi fué que me retiré para dar algun descanso á la, tropa y caballos, y el Enemigo quedó en su posicion hasta el dia 25, en cuia mañana habiendo vuelto á sus inmediaciones teniendo mi correspondencia libre con la Plaza y siguiendo mi idea de que no se derramase mas sangre Americana, dispuse mandar al Coronel D. Josef Moldes, segundo Teniente de Patriotas decididos con el oficio n° 3 para el Mayor Gral del Exto. de Abascal D. Pio Tristan: quien me contestó con el n° 4; é interviniendo alguna idea de que podria acercarse á tener una conferencia conmigo, suspendí todo movimiento hostil, y di orden al Mayor Gral para que no se atacase, amenos de q. el Enemigo no lo hiciera; pr. q. confieso á V. E. que mi espíritu estaba afligido con tanto Americano como habia sacrificado la tirania pr. sostener las cadenas de la esclavitud.
Mi esperanza salió vana, y despues de anochecido fui con la caballeria al Manantial pa. lograr algun descanzo pero ya con la determinacion de esperar alguna insinuacion del xefe enemigo hasta las diez de la mañana siguiente, ó en caso contrario finalizar la accion pr. los medios de la guerra y librarnos de los trabajos y fatigas que sufriamos.
Pero el xefe enemigo preferid á toda amigable proposicion, á todo medio de consiliacion, que acaso habria concluido la guerra civil en que la tirania nos tiene embueltos, el huir vergonzosamente, llevandosé los tristes restos de su Exto. que va perseguido por una division que hé puesto al mando del Mayor Gral. y que diariamente hace prisioneros, y obliga al abandono de quanto les ha quedado, y es de presumir que se disuelva enteramente, segun lo amedrantada que va la tropa, y de q. me hallo con positivas noticias.
Los Estados adjuntos n° 5, 6, 7, y n°. 8—dan á V. E. un conocimiento exacto de quanto se les ha tomado, de sus muertos, heridos, y prisioneros, sin traer á consideracion lo mucho que han pillado algunos de la tropa y el paysanage en quanto, durante la persecucion del Enemigo, cayó baxo sus manos; y asi mismo los muertos, y heridos y dispersos q. ha tenido el Exto de mi mando.
La fuerza del enemigo era de tres mil hombres de toda arma con trece piezas de Artilleria de quatro, dos y uno, mientras la del Exto que le oponia no llegaba á mil seiscientos hombres con quatro piezas de a seis, entre los quales apenas se cuentan trescientos viejos soldados; pero animados hasta el mas nuevo recluta, y el Paysano q. habia venido de su hogar á la camorra, como ellos dicen, de un espíritu patriotico, y de un fuego tan vivo para vencer que no es dable á mi pluma poderlo pintar para que se conosca en todo su lleno: solo puedo compararlos á los defensores de Buenos Ayres, y reconquistadores de Montevideo, Maldonado y la Colonia en 1807.
Por esta comparacion vendrá V. E. en conocimiento de las heroicidades que se habrán executado hasta por nuestros Tambores, y por los Paysanos que nunca se habian hallado en acciones de guerra, y ni aun tenian idea del silvido de las balas: son muchos los hechos particulares; pero lo que debe admirar es el orden, la subordinacion y el entuciasmo de los reclutas de Infanteria, de la Quebrada del Volcan, de Jujuy, de la Quebrada del Toro; y de Salta, que pisaban los efectos y díneros de los enemigos sin atenderlos por perseguirlos, y concluirlos: jovenes todos q. por primera vez experimentaban los horrores de la guerra; pero que su deseo de la libertad de la Patria se los hacia mirar con fria indiferencia.
Quisiera estampar sus nombres para q. la posteridad los recordase con la veneracion que es devida; mas esto no es dable, y me contentaré con que en la lista de revista q. han de pasar queden con la nota honrosa que merecen para que obtengan en su tiempo las atenciones de la Patria.
Los hijos de Jujuy y Salta que nos han acompañado, los de Santiago del Estero y los Tucumanos qe desde mi llegada á esta Ciudad me dieron las demostraciones mas positivas de sus esfuerzos y empeño de libertar la Patria comprometiendose á que Tucuman fuese el Sepulcro de la Tirania han merecido mucho, y no hallo como elogiarlos: á todos parecia q. la mano de Dios los dirigia para llenar sus justos deseos.
El orden del Exto. fué el siguiente: la Artilleria volante al mando del Baron de Holmberg, y las quatro piezas de que se componia al del Capn. D. Fran°°. Villanueva, Teniente D. Juan Santa Maria, Teniente D. Juan Pedro Luna, y Teniente D, Antonio Giles: las municionen en dos carretillas al cargo del Subteniente D. Josef Velasquez: todos cumplieron su dever, y los tiros que hicieron fueron acertados: sirvio de ayudante D. Josef Maria Paz.
La infanteria formaba tres columnas: la primera al mando de mi Ayudante D. Carlos Forest capn. del N 1 Sargento Mayor interino del N 6 y comandante de Cazadores dividida en tres secciones al mando del capitan D. Ramon Echavarria, del primer Teniente de Cazadores del N 1, mi Ayudante D. Geronimo Helguera, y D. Blas Roxas Ayudante Mayor del N 6: la segunda al mando de D. Ignacio Warnes primer comandante del N 6 y sus secciones al de los Capitanes D. Manuel Rafael Ruis. D. Josef Maria Sempol, y D. Melchor Telleria: la tercera al mando de D. Josef Superi Comandante de Pardos, y sus secciones al de los tenientes D. Ramon Mauriño, D. Bartolomé Rivadera, y capn. D. Antonio Visuara: en esta columna estaba de comandte. de guerrillas el subteniente graduado de Teniente D. Tadeo Lerdo.
La division de caballeria que formaba la ala derecha al mando del Teniente Coronel D. Juan Ramon Balcarce, y sus secciones al del capn. de Husares D Cornelio Zelaya, del Sargento Mayor de Tarija D. Pedro Antonio Flores, y Teniente de Voluntarios D. Rudesindo Alvarado: la division de la ala izqváerda al mando del Teniente Coronel, graduado comandante interino de Husares D. Josef Bernaldes, y sus secciones al del Capn. D. Fran°°. Paula Castellanos, y al de los capitanes de milicias D. Fermin y D. Nicolás Baca
El cuerpo de reserva al mando del Teniente Coronel D. Manuel Dorrego, y sus seccionas al del Capn. D. Esteban Figueroa, Teniente D. Miguel Sagarnaga, y el Capn. D. Manuel Inocencio Pesoa: la division de caballeria de ella al mando de D. Diego Gonzales Balcarce Sargt°. Mayor y Comandte, interino de Dragones, y sus secciones al de los capitanes D. Antonio Rodriguez D. Domingo Arevalo y Tente. D. Rufino Valle.
La Plaza la dexé al mando del comandante de Artilleria D. Benito Martinez con el Subteniente de Arta. D. Juan Zeballos, seis piezas, un piquete de Infanta. y parte de una compañia de Patriotas decididos compuesta delos de Cochabamba y chayanta que formaban mi escolta á las ordenes del Teniente Coronel D. Manuel Muñoz y y Terrazas: dha. compa. la tube dividida en los cuerpos de Husares y Dragones, destinando los hijos de Tucuman á los primeros, y los de Salta y Jujuy á los ultimos: su comportamiento y exfuerzos por el mejor servicio correspondieron á todas nras. esperanzas, y la Patria se complacerá spre. con hijos tan benemeritos que todo lo abandonaron, sugetandosé á la vida mas extricta del soldado pr. salvarla.
Ya dixe á V. E. en mi parte del 26 que desde el ultimo individuo del Exto. hasta el de. maior graduacion se han comportado con el maior honor y valor; pero debo recomendar mui particularmente al coronel D. Josef Moldes, que me há acompañado en todo, me há ayudado, y manifestado un animo heroico, y el deseo de salvar la Patria: á mi Edecan el Teniente coronel D. Franc°. Pico, y Ayudantes el capitan Dn. Amaro Bilvao, y Tte. D. Manuel de la Saquera á los Ayudantes del Mayor Gral, capn. D. Eustoquio Moldes, y Tente. D. Alexandro Heredia.
Son tambien de un merito distinguido Dn. Carlos Forest con toda su division de Cazadores q tomo tres cañones, D. Manl. Dorrego con su division de reserva que tomó el resto y las municiones, y entreambas la maior parte de los bagages: asi mismo lo es el comandante segundo del n°. 6 D. Miguel Araos, que sin embargo de hallarse todavia herido de la accion de las Piedras ha trabajado con empeño, y su valor acostumbrado.
Me serla preciso nombrar á todos los xefes y oficiales y demas individuos del Exto q. han manifestado su honor y valor dicidido, si hubiese de complacerme é mi mismo por lo que hé visto, pr. lo que se me ha informado; pero lo dexare pa. hacerlo por separado en las ocaciones que los interesados lo exiguieren para su satisfaccion.—Dios gue. á V. E. ms. as. Tucuman 29 de Septe. de 1812.
—Exmo. Señor.—MI. Belgrano.
—Exmo. Supor. Gn°. de las Pros. Unidas del Rio de la Plata.
Num 1°
Pasa á hacer presente al Comandante del Tucuman, ó Jefe del Exercito que se halla en ella, que si no se rinde á las tropas del Rey en el termino de dos horas, pego fuego á la ciudad y le hago responsable á los males que que resultan: si se rinden, saldrán con los honores de la guerra, y se recibirá de mi' el trato de un Americano que ama á sus paisanos como así mismo, deseando cesen tantos horrores, en que nos embuelben mal entendidos sistemas. —Dios gue á V. S. ms. as. Arrabal de Tucuman Veinte y quatro de septiembre á las quatro veinte minutos de la tarde —Pío Tristan—
Num. 2°
He recibido el oficio de V. S. con la sorpresa que es respectiva á la intempestiva rendicion que se me intima en el termino do dos horas. Nuestras tropas vencedoras, que reunen en triunfo trescientos, cinquenta y quatro pricioneros, ciento veinte mugeres, diez y ocho carretas de bueyes, todas las municiones de fucil y cañon, ocho pie zas de Artillería, treinta y dos oficiales y tres Capellanes, eran acreedores al partido mas ventajoso, q. proporciona al vencedor la derrota del enemigo. Si V. S. se halla con la energia de que se lisongea para atacar, tema en el resultado los consiguientes de unas armas vencedoras justamente irritadas. Nra caballería en numero superior á las fuerzas de V. 8. al mando de mi digno General en Xefe el Sr. Brigadier D. Manuel Belgrano, que corta á V. 8. toda retirada, concluirá el corto resto de los despojos quequedan á su mando; y solo seran sus ruinas el quadro en que se eleve el estandarte de nra libertad: puede V. 8. incendiar como promete todas las casas del Pueblo, pero esta infraccn. de los mas sagrados dros de los Pueblos le será á V. S. eternamente censible sin respecto á todos los que hasta aqui han venerado las Naciones menos cultas. —Dios guarde á V. S. muchos años. Plaza del Tucuman y Septiembre veinte y quatro de mil, ochocientos doce— Eustoquio Antonio Diaz Veles.— Sr. Coronel D. Pio Tristan.—
Num. 3
Se deleita aun Y. S. con la dolorosa efucion de sangre de tanto desgraciado hermano nuestro, y con su actual situacion de prisioneros, embueltos entre el llanto y la tristeza en cuyos momentos confiesan su engaño, y los desastres en que se los pone? sino es asi como me lo presumo, pues conosco su caracter y honrosos sentimientos, y sino quiere ver maiores estragos, ríndase V. S., cese la guerra civil, y buelvan á sus hogares para no tomar jamas las armas contra la propia Patria los que van á tener igual suerte que la de sus camaradas: así será la humanidad socorrida como se debe, y la naturaleza no gemirá ya de tantos horrores.—Dios gue. á V. S., muchos años Alrrededores del Tucuman veinte y cinco de Septiembre, de mil ochocientos doce—Manuel Belgrano.— Sr. Mayor Gral del Exto de Lima, D. Pio Tristan.—
Num. 4
Si la naturaleza gime de los horrores de una guerra civil, culpese al Gobierno que iniciandola obliga al Exto del Rey por su conducta á proporcionar con las armas la verdadera Paz, y concordia en nra. Patria. No se engaña V- S. quando conociendo mi caracter y sentimientos. cree me orrorizan los estragos, persuadase V. S. que su Exto los ha sufrido maiores que el que mando, y que los mutuos prisioneros quieren decirse engañados.—Reunidos mis Xeí'es, é impuestos del de V. S. de hoy, han sido conmigo de unanime parecer contestarle, que el Exto del Alto Perú no admite ni admitirá nunca mientras exista un solo hombre, proposiciones vergonzosas, y repugnante en su situacion q. los individuos que le componen prefieren la muerte á la ignominia, cerciorado de esto tome V. S. el partido que guste pues mi General en Xefe y Yo hemos dado repetidas pruevas de los deseos de una feliz terminacion, á la que spre me hallará V. S. dispuesto, si es de un modo decoroso, y permanente.--Dios güe á V. S. muchos años Arrabales del Tucuman y Septiembre veinte y cinco de mil, ochocientos doce.—Pío Tristan.—Sr. Gral. en Xefe del Exto de Buenos Aires D. Manuel Belgrano — Es copia.—Manl Josef de la Boquera.

El Congreso de Tucumán
Entre 1815 y 1820 se desarrolla la segunda etapa de la Revolución inaugurada el 25 de Mayo de 1810.
La Asamblea del Año XIII, que seguía sesionando en Buenos Aires, establece un ejecutivo unipersonal, el Director Supremo, crea la Junta de Observación y sanciona el Estatuto de 1815, que establece la convocatoria a un congreso constituyente.
En Europa, tras la derrota de Napoleón, la Restauración legitimista de los monarcas se opone a los movimientos revolucionarios. En España es repuesto el Rey Fernando VII, con lo que crece en América la amenaza de una ofensiva realista. En el convulsionado Río de la Plata se centraliza el poder con un ejecutivo: el Director Supremo. Es elegido José Rondeau es pero -por estar ausente- lo reemplaza Ignacio Álvarez Thomas. Se establece también la Junta de Observación para controlar al Director. Se sanciona el Estatuto Provisional de 1815 que faculta al Director Supremo para convocar a un Congreso Constituyente. Los diputados fueron elegidos popularmente de manera indirecta.
JUAN JOSE PASO (1758-1833) Diputado por Buenos Aires. Doctor en jurisprudencia por la Universidad de Córdoba. Residió veinte años en el Perú; de regreso a Buenos Aires, fue nombrado agente fiscal de hacienda. Tuvo participación activa en los sucesos previos y posteriores a la Revolución de Mayo. Fue secretario de la Primera Junta; miembro del primer y segundo Triunvirato y de la Asamblea del Año XIII. Como secretario del Congreso de Tucumán dio lectura al Acta de la Independencia. Redactó el Manifiesto de los Pueblos en el que se explican las razones por las cuales las Provincias Unidas se independizaron de España.
FRANCISCO NARCISO DE LAPRIDA (1786-1829) Diputado por San Juan. Bachiller en cánones y leyes por la Universidad de San Felipe de Santiago de Chile. Presidió las deliberaciones del Congreso de Tucumán. Sus virtudes cívicas fueron estimadas por el general San Martín. Laprida contribuyó con sus bienes y sus esclavos a la conformación del ejército patriota. Apoyó la forma republicana de gobierno, a pesar de que al regresar a San Juan en 1827, se alistó entre los unitarios. Luego pasó a Mendoza, donde las montoneras de los Aldao -que lo denominaba despectivamente “el dotorcito”- lo degollaron en 1829. Su cadáver nunca fue hallado.
MANUEL ANTONIO ACEVEDO (1770-1825) Diputado por Catamarca. Sacerdote. Se desempeñó en los curatos de Cachi, Molinos y luego, en el de Belén. El 25 de marzo de 1816 pronunció la oración inaugural del Congreso de Tucumán en el templo de San Francisco. Presentó importantes propuestas relativas a la instrucción pública. Era presidente del Congreso cuando se disolvió en 1820. Fue diputado al Congreso General en 1825
JERONIMO SALGUERO DE CABRERA Y CABRERA (1774-1847) Diputado por Córdoba. Bachiller en Derecho Civil por la Universidad de San Carlos. Fue ministro de Hacienda del gobernador Díaz. Con motivo de un incidente suscitado por sustracción de correspondencia oficial, el diputado Cabrera apoyó la moción de sus colegas cordobeses para separarse del Congreso.
En 1819, se lo designó tesorero de la Casa de Moneda de Buenos Aires. Posteriormente, emigró a Bolivia y murió en Chuquisaca.
PEDRO MIGUEL ARAOZ (1759-1832) Diputado por Tucumán. Sacerdote. Doctor en Teología. Durante el año 1812, junto a sus hermanos Bernabé y Diego, trabajó para reunir armas y ganado para Belgrano en el ejército del norte. Fue catedrático en el Colegio de San Carlos y fundador del primer periódico de su provincia: El tucumano imparcial.
JOSE DARREGUEIRA (1770-1817) Diputado por Buenos Aires. Doctor en Leyes por la Universidad de Chuquisaca. Fue abogado de la Real Audiencia de Buenos Aires, nombrado conjuez de esa institución por el gobierno creado el 25 de Mayo de 1810.
FRAY CAYETANO JOSE RODRIGUEZ (1761-1823) Diputado por Buenos Aires. Sacerdote. Poeta y periodista. Fue amigo y protector de Mariano Moreno. En 1810, mientras actuaba a favor de la Revolución, recibió el nombramiento de Provincial de la Orden Franciscana y la Primera Junta lo designó Director de la Biblioteca Pública. Fue el redactor del diario de sesiones de la Asamblea del Año XIII (entre 1813-1815) y del Congreso de Tucumán, que llevó el nombre de El Redactor del Congreso Nacional. Fue el autor del Acta de Independencia en 1816
JOSE SEVERO FELICIANO MALABIA (1787 -1849) Diputado por Charcas. Doctor en Leyes por la Universidad de Chuquisaca. Fue miembro en varias ocasiones de la mesa directiva del Congreso de Tucumán. Diputado y secretario en la Legislatura bonaerense. Secretario de la misión Las Heras ante el Virrey del Perú. Ministro de la Suprema Corte de Justicia de Bolivia. En la sesión del Congreso de Tucumán del 5 de agosto de 1816, pronunció un elocuente discurso al discutirse la adopción de la forma de gobierno monárquica.
PEDRO MEDRANO (1769-1840) Diputado por Buenos Aires. Doctor en Leyes por la Universidad de Charcas. En 1810, se lo designó miembro de la Real Audiencia. En la sesión secreta del 19 de julio de 1816, solicitó que se hiciera conocer al ejército el Acta de Declaración de la Independencia y la fórmula de juramento y solicitó que luego de la expresión “sus sucesores y metrópoli” se agregara la frase “y de toda otra dominación extranjera”. Fue secretario de la Junta provincial de representantes en 1821, diputado en desde 1827 a 1834 y en 1840. Camarista en 1831, fiscal de Estado en 1838 y, finalmente, presidente de la Cámara de Apelaciones. Fue amigo y partidario de Rosas.
ESTEBAN AGUSTIN GASCON (1764-1824) Diputado por Buenos Aires. Nativo de Oruro, Bolivia. Doctor en derecho por la Universidad de Charcas. Fue presidente de la Audiencia de Charcas, gobernador intendente de la provincia de La Plata y luego, gobernador de Salta. Colaboró con el Ejército del Norte y con el que sitiaba a Montevideo. Siendo ministro de Hacienda del Directorio, fundó la primera institución de crédito argentina.
En la sesión del Congreso del 18 de julio de 1816, el diputado Paso solicitó que se jurara la bandera nacional y Gascón añadió que se votara para que en los regimientos y buques no se utilizara otra insignia. Añadió que se autorizara por decreto la bandera menor del país, azul y blanca
EDUARDO PEREZ BULNES (1785-1851) Diputado por Córdoba. Regidor del Cabildo de Córdoba. Se negó a trasladarse a Buenos Aires con el Congreso y fue declarado cesante. Era hermano del montonero Juan Pablo Pérez Bulnes. Posteriormente, colaboró con el gobierno del general Paz.
PEDRO IGNACIO DE CASTRO BARROS (1777-1849) Diputado por La Rioja. Sacerdote. Predicó a favor de los ideales de Mayo. En el Congreso de Tucumán desarrolló intensa actividad. Fue rector de la Universidad de Córdoba, fomentó la imprenta, creó escuelas primarias, hizo construir la Iglesia Matriz de La Rioja. Se desempeñó como sacerdote en Salta y San Juan. En 1832, fue perseguido y debió exiliarse en la Banda Oriental. Luego, pasó a Chile, donde murió
TOMAS MANUEL DE ANCHORENA (1783-1847) Diputado por Buenos Aires. Doctor en Leyes por la Universidad de Charcas. Siguió la campaña del Ejército del Norte. En 1811, Belgrano lo nombró su secretario y participó de las batallas de Salta y Tucumán. También lo acompañó a Jujuy y Potosí, aportando dinero para sostener al ejército. En el Congreso de Tucumán, se expresó por la forma republicana de gobierno. Durante la primera administración de Rosas, fue ministro de gobierno y durante la gobernación de Balcarce, ocupó la cartera de relaciones exteriores
JOSE IGNACIO DE THAMES (1762-1832) Diputado por Tucumán. Clérigo. Doctor en Teología. Fue canónigo de la catedral de Salta y diputado de la Legislatura tucumana durante el gobierno de Aráoz. El 13 de abril de 1816 se lo nombró miembro de la comisión que redactaría la comunicación que el diputado Corro llevaría a Artigas, solicitándole que se incorporara al Congreso de Tucumán.
MARIANO BOEDO (1782-1819) Diputado por Salta. Abogado. Fue condiscípulo y amigo de Mariano Moreno en Chuquisaca. Fue secretario del Coronel Pueyrredón y gobernador interino de Córdoba. Desarrolló una activa propaganda revolucionaria. Era vicepresidente del Congreso en el momento de declararse la Independencia.
JOSE MARIANO SERRANO (1788-1852) Diputado por Charcas. Abogado. Fue representante de Charcas ante la Asamblea del Año XIII. Durante el Congreso de Tucumán, compartió con el Dr. Paso la secretaría. Fue comisionado para traducir al quechua y aymará el Acta de la Independencia.
Actuó en la política tucumana siendo secretario del gobernador Aráoz. Más tarde lo fue en Salta, del general Arenales. Serrano presidió la Asamblea que declaró la independencia de Bolivia, en 1825. En 1841, llegó a ejercer la presidencia de la Suprema Corte de Justicia de su país.
JOSE ANTONIO CABRERA (1768-1820) Diputado por Córdoba. Licenciado en Derecho. Era amigo y partidario de los Pérez Bulnes y de Artigas. Apoyó la causa federal oponiéndose al centralismo de Buenos Aires. Con motivo del debate originado en la sustracción de correspondencia oficial del Congreso, Cabrera sostuvo una tesis diferente al procedimiento que se pensaba emplear, alegando que el Congreso no podía ser “juez y parte en causa propia” porque consideraba que entre los miembros del Congreso había “parcialidad” en el asunto. Esta afirmación escandalizó a muchos de los diputados, quienes le solicitaron que por escrito ratifique o rectifique sus dichos. Cabrera ratificó sus dichos y explicó que sus expresiones no pretendían, en modo alguno, agraviar a los miembros del Congreso. Se negó al traslado del Congreso a Buenos Aires y en vistas de que no pudo hacer prevalecer su opinión, se retiró a la vida privada.
PEDRO IGNACIO DE RIVERA (1753-1833) Diputado por Mizque. Doctor en Derecho Civil por la Universidad de Charcas. Coronel de milicias. Por un tiempo se dedicó a la explotación minera. Dirigente de la revolución de Chuquisaca del año IX. Se ocupó del reclutamiento y el abastecimiento del Ejército del Norte. Participó de la Asamblea del Año XIII. En la sesión del Congreso de Tucumán del 24 de abril de 1816, solicitó –al igual que el diputado Serrano- que se auxiliara con prontitud al Ejército del Perú debido a la difícil situación por la que atravesaba y al embate que estaban preparando los realistas. Apoyo la idea de una monarquía indígena.
JUAN AGUSTIN MAZA (1784-1830) Diputado por Mendoza. Doctor en derecho civil por la Universidad de San Felipe. Cooperó con San Martín donando sus bienes para la formación del Ejército de los Andes. Se pronunció por la república en las discusiones acerca de la forma de gobierno durante el Congreso de Tucumán. Fue elegido presidente cuando el Congreso se trasladó a Buenos Aires. En 1818, renunció y regresó a Mendoza, donde se desempeñó en la cátedra de derecho del colegio de la Santísima Trinidad. Fue presidente de la Junta de Representantes y ministro de la provincia de Mendoza.
ANTONIO SAENZ (1780-1825) Diputado por Buenos Aires. Sacerdote. Abogado. Representó a la provincia de San Luis ante la Asamblea de abril de 1812. Participó del Cabildo Abierto del 22 de Mayo de 1810, con su voto a favor de la soberanía popular. Desempeñó muchos cargos: miembro de la Junta de Observación en 1815, redactor del Estatuto Provisional, diplomático, presidente del Congreso en 1819 y primer rector de la Universidad de Buenos Aires, cargo que le valió como título honorario.
JOSE EUSEBIO COLOMBRES (1778-1859) Diputado por Catamarca. Clérigo. Doctor en cánones por la Universidad de San Carlos, de Córdoba. Ministro varias veces en Tucumán, su provincia natal; vicario capitular de la diócesis de Salta y finalmente, obispo designado. Se dijo de él que venció la miseria en Tucumán contribuyendo al fomento de la industria azucarera.
JOSE IGNACIO DE GORRITI (1770-1835) Diputado por Salta. Doctor en cánones y derecho por la Universidad de Chuquisaca. Producida la Revolución de Mayo, colaboró con su persona y bienes a la causa. Integró el Ejército del Norte y luego el de Güemes. Organizó el primer escuadrón de caballería gaucha de su provincia, con el que se destacó en varias acciones. Fue gobernador de Salta durante los períodos 1822-1824; 1825-1826 y 1827-1829. El triunfo de Quiroga lo obligó a exiliarse en Bolivia
JOSE ANDRES PACHECO DE MELO (1779-1833) Diputado por Chichas (Potosí). Clérigo. Fue condiscípulo y amigo de Güemes, y colaboró con éste en la formación de ejércitos regulares y partidas de gauchos. En 1820, fue enviado a Córdoba en misión diplomática. Posteriormente, se desempeñó como ministro de gobierno de Mendoza.
FRAY JUSTO SANTA MARIA DE ORO (1772-1836) Diputado por San Juan. Sacerdote. Doctor en Teología y Maestro en Artes. Colaboró en la formación y equipamiento del Ejército de los Andes. Tuvo destacada actuación en el Congreso de Tucumán. Fue elegido Provincial de la Orden de Santo Domingo, vicario apostólico de Cuyo y luego obispo. Se preocupó por la instrucción del clero y de la mujer. En la sesión del Congreso del 15 de julio, se pronunció contra la forma de gobierno monárquica, amenazando retirarse del Congreso si se adoptaba esa forma de gobierno sin consultar previamente a los pueblos
TEODORO SÁNCHEZ DE BUSTAMANTE (1778-1851) Diputado por Jujuy. Doctor en Leyes por la Universidad de Charcas. Se desempeñó como Fiscal de la Real Audiencia de Buenos Aires. De regreso a Jujuy, el general Belgrano lo nombró secretario y auditor de guerra. Cuando tomó el mando del Ejército del Norte el general San Martín, Sánchez de Bustamante conservó su cargo. Entre 1826 y 1827 fue gobernador de la provincia de Jujuy. Cuando estalló la guerra civil, emigró a Bolivia y murió en Santa Cruz de la Sierra.
PEDRO FRANCISCO URIARTE (1758-1839) Diputado por Santiago del Estero. Sacerdote. Doctor en cánones. En 1811, fue designado diputado de la Junta de Gobierno. Se interesó por la instrucción pública y la difusión de bibliotecas populares. Representó a su provincia en el Congreso de Tucumán y en 1819, como constituyente en el Congreso Nacional.
TOMAS GODOY CRUZ (1791-1852) Diputado por Mendoza. Bachiller en Filosofía., Cánones y Leyes por la Universidad de San Felipe. Comerciante e industrial. Colaboró en los planes de San Martín y puso su fortuna al servicio del Ejército de los Andes. En una casa que donó funcionó la fábrica de pólvora. Fue gobernador de Mendoza entre 1820 y 1822 . Con motivo de la llegada de Quiroga a Mendoza, emigró a Chile adonde se dedicó a la minería y a la cría de gusanos de seda. Pese a la rivalidad política que mantenía con Godoy Cruz, lo llamó a Mendoza y le confió la dirección de los establecimientos sericícolas del territorio.
PEDRO LEON GALLO (1779-1852) Diputado por Santiago del Estero. Sacerdote. Maestro en Artes. En 1821, durante la guerra civil entre las provincias de Salta, Santiago del Estero y Tucumán fue nombrado mediador obteniendo su cesación por el tratado de Vinará. Desempeñó un ministerio bajo el gobierno de Ibarra. Fue diputado provincial y vicario foráneo de Santiago.
MARIANO SANCHEZ DE LORIA (1774 – 1842) Diputado por Charcas. Doctor en Jurisprudencia y Cánones por la Universidad de Chuquisaca. Intervino activamente en las discusiones del Congreso y presentó gran cantidad de propuestas. Se trasladó junto con la Asamblea a Buenos Aires y continuó desempeñando su mandato. Cuando falleció su esposa, volvió a su tierra y allí ingresó al sacerdocio, alcanzando el canonicato de la Catedral de Charcas.
MIGUEL CALIXTO DEL CORRO (1775-1851) Diputado por Córdoba. Sacerdote. Doctor en teología. El 25 de Mayo de 1811 pronunció el primer sermón patriótico en la Catedral de Córdoba. El 13 de abril de 1816 con motivo de la unión entre los federales de Santa Fe y Artigas, el Congreso resolvió enviarlo como mediador con el gobierno de Santa Fe y la Liga Federal, razón por la cual no estuvo presente al momento de la firma del Acta de la Independencia.
La ausencia de los representantes de las provincias que conformaban la Liga Federal de los Pueblos Libres: la Banda Oriental, Corrientes, Entre Ríos, Misiones y Santa Fe se debió a que rechazaron la convocatoria al Congreso realizada por el Directorio, puesto que las mismas se encontraban en guerra contra el ejército enviado por el mismo Directorio.
Las provincias del Alto Perú: La Paz, Cochabamba, Santa Cruz de la Sierra y Potosí, que habían integrado el Virreinato del Río de la Plata no enviaron diputados ya que las mismas se encontraban bajo el poder del ejército realista. Solo lograron incorporarse al Congreso en Tucumán los diputados de Charcas y Chichas.
Tampoco estuvo representado el Paraguay, provincia que desde 1810 se negó a reconocer la jurisdicción de ningún gobierno instalado en Buenos Aires, y ya en 1811 había declarado, aunque de hecho, su independencia de España.

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